Lágrimas

¿Saben diferente las lágrimas dependiendo de la emoción que las haya provocado?

Aún no me he puesto a lamer lágrimas para comprobarlo, ni sé si alguno lo ha hecho. Seguro que sí, porque por cada pregunta que nos hacemos ya hay alguien que ha encontrado una respuesta. Por el momento, estoy en busca de la mía.

Vuelvo a preguntarme si una lágrima que surge por dolor o por una herida física sabe igual que una lágrima que surge por la pérdida de una relación o la muerte de un ser querido. ¿Sabrá igual una lágrima generada por una emoción de sorpresa y alegría que una generada por un sentimiento profundo de gratitud o una que brota cuando aceptamos la llegada de nuestro reconocimiento? Y esa lágrima que cae cuando algo nos entra en el ojo ¿Sabe igual que la que soltamos cuando sentimos que alguien ha invadido nuestro espacio o cuando sufrimos una traición?

Me pregunto todo esto, no porque me interese el sabor, más bien es porque me interesa conectar con la química interna que nos hace derramar lágrimas, para poder profundizar aún más en las emociones que activan ese jugo que emana de nuestra ventana al mundo.

Si consigo descubrirlo, si averiguo la composición y proporción exacta que se necesita para crear ese fluido, me pienso dedicar, en exclusiva, a potenciar las emociones que impulsan la lágrima sanadora, la lágrima que reconforta, la lágrima que embellece, la lágrima que, a fin de cuentas, contiene nuestra sabia interior y sale para regar al mundo, humildemente.

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RENOVACIÓN

He leído que nuestro cuerpo físico se renueva continuamente. Nos vamos deshaciendo y reconstruyendo paulatinamente. Parece que suelen pasar entre 7 y 10 años para que seamos una persona completamente nueva incluso a nivel celular. Curioso ¿verdad?

Y esta información me lleva a reparar en lo acontecido este fin de semana. En una conversación que mantuve ayer, traje a mi memoria a una amiga que falleció hace unos años atrás y hoy -no por casualidad sino por sincronicidad- encuentro el escrito que hice el día que recibí la noticia de su muerte. Era principios de un mes de febrero (no, sigue sin haber casualidad).

La cosa es que hoy pretendía hacer mi reflexión del día, así que cogí una vieja libreta, la abro y voalá, ahí estaba mi reflexión de antaño. (No puedo evitar soltar la frasecita “¡Vaya, que casualidad!”). Me puse a leer lo que había escrito entonces:

“Hoy me ha llegado el aviso de la muerte de … Ese anuncio me ha servido de aviso para darme cuenta o tomar conciencia, más de frente, de mi estado actual… Ahora me quedó la sensación de que un pilar que lo sostiene todo se vino abajo… Una voz “diferente” me dice que haga cada momento lo que en verdad deseo hacer… Hoy al enfrentar la duda de si merece la pena tanta inversión, tanta dedicación… ¿No es mejor aprovechar la comodidad actual… ¿Por qué invertir tanto para dar a los demás… ¿No es mejor vivir ofreciéndole a estos dos tesoros, que son mis niños, la viva imagen y puesta en práctica de lo que significa bienestar?…”

Observo que tenía muchas dudas e interrogantes en ese momento, también contradicciones internas. Esa noche antes de acostarme me dije (lo tengo escrito): “Mi amiga me enviará alguna respuesta…” Al día siguiente, al despertarme, me dí cuenta que, en mis sueños, REÍA A CARCAJADAS.

Pues sí, me había enviado una respuesta. Había dejado de reír, había dejado de tener diversiones, de disfrutar cada paso del camino y desde ese momento, mi objetivo primordial fue Recuperar La Alegría en absolutamente todo lo que hiciera y así poder transmitir lo que vivía desde dentro.

¡Vaya, vaya! La razón de que hoy fuera a tomarme un momento de reflexión era, precisamente, porque sentía que estaba decidiendo dar un paso mirando más hacia el temor de lo que no quiero que suceda, que mirando hacia el lado alegre y divertido que conlleva el paso que voy a dar.

¡Bendita sincronicidad! Y éso es lo que quiero transmitir con más certeza. Cuando te permites bajar el ritmo, cuando te permites pararte un momento y sentirte y escucharte, es, en ese momento, que comienzas a elevarte como cualquier hermosa ave que es capaz de ver, desde la amplitud de miras, justo lo que necesita para alimentarse y seguir viviendo, disfrutando del vuelo.

Elévate siempre que puedas, siempre que sientas que lo necesitas y observa hasta encontrar tu respuesta. Ella está siempre presente, siempre dispuesta y bien arreglada para ti. Sus mejores vestidos son ir de casual, de maga, de sorpresa, de increíble… pero, a fin de cuentas, permanentemente a tu servicio para que tomes acción y empieces o continúes disfrutando la vida.

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