VIDA/MUERTE/VIDA

Despierto el Espíritu, despierto el Sentir.

Observo que me fijo en cómo otras personas con quienes me relaciono viven o han vivido su experiencia con la muerte. A todos nos toca y en todos los sentidos del verbo tocar. Sin embargo, a diferencia del gordo de la lotería, parece que a muchos no nos gusta que nos toque. O que, al menos, no todavía. O que nos coja durmiendo. O que no toque a ninguno de los seres queridos.

Es bastante curioso porque desde que la vida es reconocida, la muerte es una esencia más de ella, es parte imprescindible de la vida y yo, personalmente, siento que hay más vida cuanta más muerte hay. Entendiendo la muerte como el ciclo infinito de dormir y despertar; de unir y de romper; de plantar, germinar, crecer, consumir, integrar y renacer, de transformación; de crear y des-crear…

Quizás sea que lo que más nos cuesta es aceptar que hay cosas que no podemos controlar y eso nos hiere hasta lo más hondo. Hasta el punto que nos negamos a seguir alimentando la vida que somos, la vida que nos rodea, la vida que germina incesante a todo nuestro alrededor.

Y no digamos de soltar, dejar ir, dejar ser, aceptar, reconocer. Es la otra cara de la moneda del sentimiento de control. Moneda de uso, a veces consciente, otras tantas, inconsciente pero, no por ello, dejamos de pagar el precio equivalente de esa moneda.

O puede que sea que nos olvidamos que somos ese Ser que reside en un cuerpo físico. Un cuerpo que responde eficientemente al ciclo evolutivo e incesante que es la vida. Y dejamos de darle la vida al Ser que somos cuando el cuerpo físico se deshace, cuando nuestros planes no se materializan, cuando la pareja sigue otro camino, cuando tu preciada vajilla se rompe en mil pedazos… cuando el polvo vuelve a convertirse en polvo.

Si, la muerte duele. Así nos han educado el sentimiento. Al igual que nos han educado con la mentalidad de final. Nada más. Bloqueo. Se acabó…

¡Pero la capacidad de decidir nunca muere! Como nunca lo hace la Vida. Podemos decidir cambiar el sentimiento, podemos decidir cambiar las instrucciones dadas, podemos experimentar de otras maneras, podemos volver a renacer cuántas veces queramos porque cuando una manzana es comida, es decir, muere -desaparece en su forma física, en su posibilidad de ser controlada- ella continúa su vida en el interior de quien la comió y pasa a formar parte de ese ser y la parte que sea excretada, continuará su vida de regreso a la tierra o al agua o al aire y quién sabe, a lo mejor vuelve a alimentar al manzano que una vez le dio vida, en una forma determinada.

Cambiar el concepto y el sentir de la muerte es una decisión tan simple como lo es el vivir. A fin de cuentas, vivir y morir son una misma cosa ¿No te parece?24102010914

Pilar Mendez
about.me/pilarmendez
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