Sorpresas del Pasado

Llevaba más de seis meses sufriendo de un eccema en la aureola del pecho. Primero intenté eliminarla con remedios caseros lo que hizo que empeorara. Después decidí prestarle más atención y cuidados más cautelosos y conseguí ir reduciéndolo pero no eliminarlo del todo. Así que opté por visitar diferentes médicos. Curiosamente, la atención de esos especialistas se iban directamente a primero tratar localmente y luego ir directamente a por una biopsia debido a la zona en la que se encontraba. Tengo que reconocer que me pusieron en un estado de alerta pero, mi sentido interior me decía que no tenía nada que ver con todo eso y que una lucha interna tenía que ser aliviada. Busqué con calma, trabajé mis herramientas para encontrar desde mi conciencia y, cuando le quité toda la atención a los miedos y al nivel de importancia, desapareció. ¿Mágicamente? Pues no. Me apliqué cuidados externos nada invasivos y me reforcé a nivel consciente. Y entonces llegó mi respuesta.

Estaba compartiendo una rica conversación con una amiga cuando, un comentario suyo, me hizo ver la luz y me vino una imagen que me lo aclaraba todo. 

Años atrás, motivada por un artículo que leí en un periódico, concerté una cita con un “terapeuta oriental” que trabajaba la salud con un determinado tipo de masaje y a él acudí con la intención de darme un regalo. La primera sesión me vino genial. Salí flotando. En la segunda sesión me fui bastante contrariada. Durante el masaje, hubo un momento en el que sentí que dedicaba “demasiado tiempo” a trabajar mis pechos, proporcionalmente le dedicó más de la mitad de la sesión a esa parte de mi cuerpo. Así que me fui con una sensación de invasión y, al mismo tiempo de duda. Yo era una mujer adulta que podía expresarme con franqueza si le apetecía pero la duda ante la profesionalidad del terapeuta me acalló y me fui como una adolescente confusa. Me reí vagamente de la situación y no regresé a por más sesiones. El tiempo pasó y, en la medida que he ido liberando y despertando mi nivel de conciencia, mi cuerpo reaccionó e hizo su limpieza. Se deshizo de la basura que se había guardado. Mi eccema era la manifestación de la suciedad que sentí y que no limpié sobre la marcha. Mi conciencia actuó cuando tuvo oportunidad y doy gracias. Doy gracias por despertar y abrirme a ver sin miedo y con confianza. Desde ahí todo es más fácil y más ligero. La vida cobra un nuevo sentido y fuerza.

Pilar Méndez

Holistic Health Coach

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Un pensamiento en “Sorpresas del Pasado

  1. Me alegra por ello, tener esa capacidad para conectar con tu conciencia y confianza en que ella te dará la respuesta…como así ha hecho.
    Efectivamente somos como pequeños basureros, que nuestro cuerpo acumula, a todos los niveles sensoriales…y que tenemos que aprender como tu has hecho…a ir eliminándolos , escupiéndolos…
    Gracias por compartirlo, para tener la atención puesta e ir sacándolos….y utilizar nuestras herramientas o la de personas cualificadas como tu, en hacernos caer en la cuenta.

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